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El Secretario General de la Comisión Española de Cooperación con la UNESCO Federico Palomera . Afirma en Tribuna Fórum Canarias que el patrimonio histórico no existe en el vacío y UNESCO es consciente de la necesidad de conseguir que el recuerdo de lo existente se engarce en el vivir cotidiano. Dice en el Congreso Internacional de Turismo de Arona, que las actividades económicas, necesitan de un ambiente pacífico, carente de tensiones extremas, en qué desenvolverse. En definitiva, el desarrollo sostenible, el respeto al medio ambiente, la consecución de un ambiente pacífico son un buen negocio.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se propuso promover la identificación, la protección y la preservación del patrimonio cultural y natural de todo el mundo considerado especialmente valioso para la humanidad. Todos los países poseen sitios y monumentos de interés local o nacional, pero para que Federico Palomera es el Secretario General de la Comisión Española de Cooperación con la UNESCO.
En la “Convención sobre la protección del patrimonio mundial cultural y natural” (París, 1972) se especificaron los criterios por los que se inscribe a un lugar o monumento en la Lista del Patrimonio Mundial.
El origen de la Convención del Patrimonio Mundial se remonta a 1959, cuando la construcción de la presa de Asuán, en Egipto, amenazó con hacer desaparecer los impresionantes monumentos de Nubia, un auténtico tesoro de la civilización egipcia. La comunidad internacional se conmovió ante tal posibilidad y tomó conciencia del desastre que supondría para toda la humanidad, y no sólo para Egipto y Sudán, la pérdida irreparable de tales tesoros.
Las “ciudades históricas” deben imponerse por su calidad arquitectónica, con su abstracción de su función de símbolo histórico que por sí mismo no podría justificar la inscripción. Para incluir los “centros históricos” y los “barrios históricos” es preciso que su densidad y calidad monumental sean reveladoras de una ciudad de interés excepcional.

Pero el patrimonio histórico no existe en el vacío y UNESCO es consciente de la necesidad de conseguir que el recuerdo de lo existente se engarce en el vivir cotidiano.
artículo 5 del Convenio para la protección del Patrimonio de la Humanidad así lo señala cuando en su “Articulo 5 exhorta a
adoptar una política general encaminada a atribuir al patrimonio cultural y natural una función en la vida colectiva y a integrar la protección de ese patrimonio en los programas de planificación general.
De esta forma UNESCO subraya la necesidad de integrar la protección del Patrimonio en el desarrollo de las colectividades establecidas en lugares de particular importancia histórica. Podríamos decir que, en el terreno del Patrimonio Cultural, la Convención de 1972 se adelanta a integrar el concepto de preservación con el concepto de desarrollo incluso antes de la puesta en marcha del concepto de “desarrollo sostenible” que el informe Bruntland haría moneda corriente en la década de los 80.
La Comisión Nacional de Cooperación con UNESCO es el organismo que sirve de cauce a las iniciativas de la sociedad civil de colaborar con los fines de la Organización Internacional. Se trata de una institución atípica al constituir una vía de participación en las labores de una Organización Internacional que representa el trabajo de “abajo arriba” al recoger y en cierto modo ordenar las actividades que la Sociedad misma lleva a cabo para la consecución de los fines de la Organización. Para la consecución de esos objetivos se diseñó una organización que no solamente sirviera de foro para los intereses de los Estados Miembros, sino que contara asimismo con la participación de intelectuales, artistas y educadores de los distintos países que, a través de las Comisiones Nacionales, canalizaran a la Organización las inquietudes y las iniciativas de la Sociedad, dentro del respeto a los valores de paz y cooperación que constituyen los pilares de la Organización.

Estos objetivos marcados por la organización podrán, en principio, parecer extraños al mundo empresarial, pero es extrañeza solamente tendría razón de ser desde una perspectiva estrecha y basada únicamente en fines de lucro carentes de cualquier otro tipo de condicionamiento. La actividad empresarial es mucho más que eso, es una pieza esencial del mundo, la locomotora económica de la sociedad, y es por eso necesario desechar esa visión limitadora y situar la actividad empresarial en la órbita humana en el sentido más amplio de la palabra y no como una expresión de ese presunto “homo economicus” cuya única motivación sería la acumulación de riqueza. Y desde ese punto de vista, la empresa tiene mucho que aportar a la UNESCO y viceversa.
La cultura de la paz, el fomento de la educación y la cultura y la investigación científica no existen en el vacío, sino que se encuentran imbricadas en un esfuerzo general, del que la empresa forma una parte esencial y necesaria. La creación de riqueza, objetivo de la actividad empresarial, facilita y se beneficia de la investigación; la educación permite aquilatar y refinar los mecanismos empresariales; y la libertad de expresión y la cultura favorecen la buena marcha de la empresa en un entorno de libre competencia. Al mismo tiempo, la riqueza producida por la actividad empresarial permite la mejora de la educación y el desarrollo de la investigación y la ciencia. UNESCO, al hacer del concepto de desarrollo sostenible el eje de su actuación, al centrar su actuación en la preservación productiva, trata de conseguir que la conservación del patrimonio tenga una importancia económica y una repercusión favorable en la vida de los ciudadanos, de forma que el legítimo orgullo por los monumentos histórico lleve aparejado un interés económico que contribuya a la preservación de ese mismo patrimonio. La sostenibilidad, el respeto al medio ambiente y la consideración del mundo como un riqueza común, un patrimonio compartido en libertad, son, así, elementos fundamentales de la cultura de la paz que UNESCO quiere fomentar. La empresa turística necesita interiorizar esa “Cultura de la Paz” porque las actividades humanas, incluyendo, por supuesto, las actividades económicas, necesitan de un ambiente pacífico, carente de tensiones extremas, en qué desenvolverse. En definitiva, el desarrollo sostenible, el respeto al medio ambiente, la consecución de un ambiente pacífico son un buen negocio.